Crónicas de la reforma energética (III). Nueva Constitución económica, pero ¿cuál es el nuevo constitucionalismo?

enero 12, 2014 § Deja un comentario

Con la reforma energética cambia el sentido que tenían las “áreas estratégicas”, la propiedad del petróleo e hidrocarburos tiene nuevas formas de explotación, se retrae la calificación de “servicio público” en el caso de la energía eléctrica, las empresas estatales actuarán en un contexto de competencia con los privados, las concesiones como título jurídico no operarán. Meses antes se aprobó la reforma en telecomunicaciones en la que se estableció el régimen de servicio público a las telecomunicaciones y a la radio y televisión, se reafirmó a la concesión como el título habilitante, se establecieron reglas para limitar el poder de los monopolios mediáticos, agreguen a esto reglas procesales de excepción tales como la improcedencia de la suspensión en caso de amparos.

Las dos son reformas de alto impacto en el ordenamiento constitucional de los poderes estatales y de las libertades económicas; los linderos del Estado y el mercado y del Estado en el mercado se han movido.
Hay nuevas reglas, y no hay más que invertir una buena cantidad de tiempo para conocerlas a detalle, pero ¿cuál es el nuevo pensamiento, la nueva ideología, la nueva racionalidad constitucional? ¿Cuál sería la nueva lógica, si hay alguna, que le dé alguna coherencia a la nueva ordenación constitucional de la economía? Luego de eso, la cuestión es preguntarse hacia dónde conducen las reformas dados los nuevos escenarios y el rediseño institucional resultante.Plantear las preguntas por la coherencia y la ideología constitucional se debe a que detrás del discurso de que las reformas tienen un mérito intrínseco sólo por ser reformas, una lectura más detenida muestra que tienen orientaciones contradictorias.
Veamos:

A.- En telecomunicaciones más Estado menos mercado; en energía más mercado menos Estado

Sí vemos la causa de la reforma, las nuevas reglas enfrentan el desbordamiento que los poderes económicos alcanzaron. En telecomunicaciones, radio y televisión las capacidades reguladoras se vieron seriamente cuestionadas, pero además, que se comportara como un contra-poder retaba ya al de los políticos como élite y su monopolio de la cosa pública.

Así pues, la reforma enfrenta los excesos del mercado y es una recuperación del terreno perdido por la autoridad. El mercado así como se dio, era ya un problema. Por contra, en energía se da una liberalización. En petróleo se establecen contratos típicos, sin mayor restricción y en electricidad, lo que antes era “servicio público” ahora será “comercialización”. El resto es libre competencia sujeta a las reglas estándar del anti trust. El mercado es la solución. La configuración constitucional de los roles en energía parece una reedición de la liberalización que se dio hace varios años en telecomunicaciones. Si se recuerda, bastó que de ser una área estratégica (monopolio público) pasara a prioritaria, el resto libertad de mercado.

Sí bien no todo debe estar en la Constitución, sí se hacen definiciones constitucionales decisivas para el desempeño institucional y las responsabilidades del Estado hacia su población. El abandono del régimen de servicio público y las tácticas para eludir la concesión tanto en el petróleo como en electricidad, son dos de los signos que muestran, de inicio, la renuncia sea deliberada o por desconocimiento, de dos instrumentos regulatorios.
A reserva de retomar en otras colaboraciones la relevancia del servicio público y de la concesión, insisto por ahora en su función regulatoria. El énfasis se debe a que la apertura y el ingreso de los particulares, en iguales condiciones formales que la “empresa productiva nacional”, es la presencia de corporaciones que son grandes jugadores. Subrayo, jugadores no solamente de un alto poder económico sino de influencia global. Si jugamos un poco a la teoría de la conjura, la imaginación inevitablemente ubica a las grandes empresas de la energía en la geopolítica. Si se juega al mercado energético, la experiencia nacional de las privatizaciones bancaria, de telefonía, etc., así como la experiencia global, dice que la fortaleza institucional no sólo es condición para que el mercado funcione, sino para minimizar el riesgo de captura del Estado.
Si le hacemos un poco al “brujo mayor”, podría profetizarse que habrá cabilderos de las empresas energéticas en el Congreso, seguramente financiarán campañas políticas, o hablaremos de la “petrobancada”. Quizás.

B.- La Constitución a varias manos, con pacto, sin pacto, con pacto a medias

¿Por qué la contradicción de lógicas? Una de mis hipótesis de que en la reforma de telecomunicaciones fue pro estatista y la de energía pro mercado, está en que los “políticos” sintiéndose amenazados en la disputa de lo público dieron una “manotazo constitucional” para poner límites al poder del dinero. La participación de los tres partidos mayoritarios y, según dicen quienes siguieron de cerca el acuerdo, la participación de la cúpula del PRD, fue insistente en cuestiones como la inclusión de la categoría de “servicio público de interés general” (nótese en énfasis, el subrayado y el pleonasmo del término).
En la energética, cambió el escenario. Sin el PRD, la centro/derecha se liberó de la necesidad del acuerdo. En eso, mi impresión es que la coyuntura que se presentó con el fraccionamiento y desmovilización de la izquierda fue magistralmente aprovechada.

C.- La izquierda sin cabeza

A inicios de los 60, José Revueltas escribió Ensayo de un proletariado sin cabeza, cuya tesis central era la acefalia en la vanguardia del proletariado. El ensayo es una de las críticas más lúcidas y agudas al entonces Partido Comunista Mexicano. El papel que ahora jugaron las “izquierdas” en la reforma energética bien podrían tener por título el dado por Revueltas.
No se trata de la presencia o ausencia de liderazgos en la izquierda, sino de “cabeza” en el sentido revueltiano del término. Es decir de intelecto, de idea, de discurso, de ideología, de propuesta, no de consigna, de acto de fe, de posición testimonial. Una izquierda sin discurso constitucional.

Al repasarse los debates en las cámaras, además de presenciar el diálogo de sordos en el que unos alababan el acuerdo dándole virtudes de pomada maravillosa y otros los acusaban de traidores a la patria, pocos, muy pocos, fueron los discursos que tuvieron mayor profundidad en los problemas que planteaba la reforma.
Me detengo en los discursos de la izquierda ya que cuestiones como “propiedad de la nación”, “servicio público”, “concesión”, “electricidad y derechos sociales”, de “Estado social”, pudieron haber sido ejes discursivos no solamente contestatarios, sino de contrapeso ideológico y de discurso constitucional alternativo. Por el contrario, por ejemplo, la oposición a que se otorgarán concesiones, paradójicamente propuesta en la iniciativa del PAN, condujo a una decisión más neoliberal.

C.- Las tareas de la interpretación

La presencia de reglas constitucionales con sentidos diversos y aun contradictorios plantea un buen terreno de reflexión para la explicación teórica de lo que ahora tenemos como ordenación constitucional de la economía. Si la tarea de la academia es la reformulación de los contenidos con cierta pretensión sistemática, se tendrá que dar cuenta de los conflictos y las soluciones plausibles.
Ahora que tales contradicciones también tendrán un foro judicial. Y en esto, no se tratará ya de filiaciones teóricas, sino de decisiones con efectos patrimoniales y en el desarrollo económico del país.
Y aquí, apenas comienzan las preguntas …

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