El enfoque de derechos humanos como metodología(s) de decisión

septiembre 4, 2013 § Deja un comentario

El aparentemente sencillo y doméstico caso del barrido en la vía pública, mostró una buena cantidad de cuestiones. La primera, es la presencia de desacuerdos. Otra, es la diferente forma de abordar el problema -aun compartiendo la misma posición.

La existencia de desacuerdos, es muy frecuente cuando se trata de resolver cuestiones de DDHH, y, cuando de definir si una norma general los viola, podría decirse que es la regla. Muy probablemente una indagación de las decisiones que en la Suprema Corte se toman sobre inconstitucionalidad de leyes, mostraría que las más de las veces se deciden en votación dividida.

Por tanto, la respuesta de qué es un derecho humano y cuándo se viola no suele ser tener respuestas fáciles y unánimes. Hay desacuerdos y cuando de decidir se trata, esto se llama contexto de incertidumbre.

Recientemente la Corte abordó en diversas sesiones cuestiones tales como si las colisiones entre normas constitucionales y los derechos humanos de fuente internacional debería resolverse atendiendo a criterios de jerarquía (p. e. si las normas de fuente constitucional, prevalecían sobre las de fuente internacional), o bien, atendiendo al principio pro-persona, loo que llevaría a determinar en cada caso, la “mayor protección” a la persona como criterio para determinar la preponderancia. La discusión volvió a mostrar los desacuerdos, así como sus acompañantes: las técnicas y los aparatos críticos con los que se abordaba y resolvía el entuerto.

Tanto el pequeño ejercicio hecho en este blog, como la discusión en la Corte tienen algo en común: que las cuestiones de fondo son decididas según el tipo de técnicas, convicciones, creencias, ideologías de quienes discuten o deciden.  Así pues, el examen de cómo se discuten o deciden las cuestiones de DDHH, puede verse también como una metodología, o mejor dicho metodologías para la decisión.

No es raro encontrar en el debate el uso de calificativos como garantista, antigarantista, progresista, conservador, kelseniano, activista, neoconstitucionalista, etc. uso el término “calificativo”, porque en el debate, tales términos exceden su función descriptiva o categorizadora de una determinada forma de pensar, y se emplean para calificar o descalificar posiciones. Dada la influencia en ciertos círculos académicos o en el gremio, alguien “garantista”, suele tener mejor recepción que uno “antigarantista”. La seducción por el empleo de calificativos es alentada también por la emotividad que acompaña o aflora cuando los casos que se resuelven son dramas sociales o personales (aborto, matrimonio entre personas del mismo sexo, etc.). 

En tal panorama, me parece que es necesario el esfuerzo por analizar, en las siguientes colaboraciones, algunas de las cuestiones más frecuentes en los debates sobre derechos humanos, como metodologías de decisión. 

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