La argumentación constitucional, los jueces y Dalí

noviembre 7, 2011 § 1 comentario

Los jueces en sus sentencias, como los pintores de paisajes, recrean la realidad.

Cuando el juez decide un caso tiene como materiales las pruebas y los alegatos que las partes le presentan para persuadirlo. Tiene sobre su escritorio historias que las más de las veces son contradictorias. Para una parte, el acusado es el mayor criminal; para la otra, es un inocente acusado injustamente. Para una, la ley impugnada es inconstitucional, para la otra, es ejemplo de apego a los derechos fundamentales.

Asimismo, el juez tiene normas que regulan su procedimiento, la forma en que debe valorar las pruebas. En algunos casos, la norma establece si debe darle un valor pleno (por ejemplo, un documento público) o tiene mayor libertad para apreciarla; o bien, las reglas determinan quién tiene la carga de la prueba o si puede recabar  oficiosamente más pruebas, etc. Las mismas normas pueden ser claras o ambiguas, ser de estricto derecho o admitir la suplencia de la queja, etc.

Con todo lo anterior el juez tiene que sentenciar. Se dice, por ejemplo, en derecho penal que al hacerlo debe buscar “la verdad” de los hechos y para tal propósito recrea una historia, la rearma con los elementos de que dispone. Es una especie de rompecabezas hecho con narraciones de hechos, documentos, presunciones, con las cuales declara inocente o culpable a alguien, la historia tiene que hacer sentido, debe ser convincente. Sin embargo, la sentencia no es la realidad misma sino una recreación en la que también hay lugar para la imaginación jurídica.

En el terreno de la imaginación jurídica, las técnicas de interpretación, como en la pintura, explican el cuadro final. En nuestros días, la referencia a los métodos tradicionales referidos por Ihering   son solamente una parte de las posibles formas de interpretación ya que están referidas a la ley, la interpretación constitucional, o mejor dicho, la interpretación en el constitucionalismo incorpora nuevos problemas.

Las culturas jurídicas, las tradiciones jurisdiccionales, las teorías jurídicas, las modas, se constituyen como referentes en las tendencias o forma de decisión de los tribunales. En una muy recomendable reseña, Miguel Núñez, un distinguido visitante de estas páginas, refiere la discusión que en Estados Unidos se da entre originalistas y lo que Strauss denomina “Constitución viviente” como noción interpretativa. Entre nosotros, la Corte refiere en sus sentencias el empleo de métodos como el literal, el  genético-teleológico, el histórico, la interpretación conforme, etc. Teorías de creciente influencia en nuestros círculos académicos, en particular el neoconstitucionalismo, tiene en la argumentación su hábitat.

Si tomamos en cuenta que en su camino por construirse como paradigma, formula una propuesta en la que desarrolla un constructivismo ético, el neoconstitucionalismo es una teoría cuyo desembocadura en la acción no solamente marca su distancia del positivismo y, por tanto, de la norma decidida por el órgano competente y cuya validez no se cuestiona. Sino que tal posición crítica ubica al decisor en un punto en el que su posición sobre la norma y los derechos es argumental, o dicho en otros términos, por medio de la imaginación recrea la realidad jurídica.

La argumentación constitucional y sobre derechos fundamentales tiene como referente normas con mayor grado de indeterminación. Ante la indeterminación, los textos dejan de funcionar como reglas y son contextos de incertidumbre. La certidumbre, es decir, la decisión, es dada por el juez mediante la interpretación y, por tanto, no se trata de “encontrar” la regla aplicable, sino de justificar la decisión mediante la argumentación.

Qué son los derechos humanos, no es una cuestión que se resuelva leyendo los artículos de la Constitución, ni siquiera los artículos de los tratados. La respuesta se encuentra además en la jurisprudencia, en las sentencias de los tribunales. Dice uno de los autores más influyentes (Alexy): “Los derechos fundamentales son lo que son sobre todo a través de la interpretación”.[1]

Así pues, al igual que en la pintura, el cuadro que observamos en la sentencia o en una exposición pictórica, a su vez, deriva de ciertos cánones. Los hay hiperrealistas o hipergarantistas. Literalistas o surrealistas.

Aquel artículo de la Constitución que dice “… la sentencia definitiva deberá ser conforme a la letra o a la interpretación jurídica de la ley, y a falta de esta se fundará en los principios generales del derecho”, deberá interpretarse conjuntamente con el multitratado artículo 1º.  Ahora los principios (los derechos son eso en buena medida) serán preponderantes, la letra de la ley ya no basta (recordemos que podrá ser desaplicada). La ganancia en constitucionalidad no lo es necesariamente en certidumbre.

Un juez que debiera decidir sobre la inocencia o culpabilidad de una persona (ésa era la certidumbre según la ley), ahora puede decidir no hacerlo si estima que la norma es inconstitucional (lo que sea que eso signifique).

Como el pintor, el juez rompe los cánones. De pintar paisajes de volcanes  como el Dr. Atl, se pasa al arte cubista como Picasso. Del realismo al surrealismo. De estar sujeto a la regla, se mira sobre su hombro.

En el cuadro de Cristo de San Juan de la Cruz, Dalí lo pinta desde una perspectiva peculiar. Según Eileen Matus el pintor ve a Cristo desde arriba, no solamente mira lo que él desde su altura, sino aún más, mira a Cristo hacia abajo.

Algo parecido sucede con el juez al hacer interpretación constitucional, queriendo reproducir lo que la Constitución dice, el juez reinterpreta la Constitución y dice lo que la Constitución es. Como Dalí, se coloca en una perspectiva donde como Cristo, la Constitución es lo recreado. Posición poderosa por supuesto, posición soberbia posiblemente.

Sean genios o ignorantes, los jueces, a diferencia de los pintores, ejercen un poder. Un poder que debe ser contrapesado.

Así como los romanos hacían  en los desfiles de los generales, alguien les repetía al oído: “Recuerda que solamente eres un mortal” (memento mori), para recordarles sus límites.


[1] En
“Los derechos fundamentales en el Estado constitucional democrático”  en Neoconstitucionalismo(s) Miguel Carbonell,
Trotta, Madrid, 2003, p. 35.

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§ Una respuesta a La argumentación constitucional, los jueces y Dalí

  • Arturo Cuauhtémoc dice:

    Extraordinaria comparación entre la interpretación constitucional y el arte de la pintura. Preocupante la incertidumbre que genera, sobre todo en materia penal.

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