¿Fiebre o delirio constitucional?

octubre 15, 2011 § Deja un comentario

Cuauhtémoc Reséndiz

José:

Me gustó mucho tu comentario. Hablas de fiebre constitucional y creo que estamos algo más allá, en el terreno del delirio.Se han borrado por momentos los límites entre la realidad y los deseos. Me parece que, salvo verdaderas excepciones, estamos lejos de contar con los jueces que puedan acercarse a esa labor que se esperaría de ellos. Muchos factores determinan esa situación (no solamente la falta de una verdadera preparación para ello, sino condiciones materiales, como insuficiencia de recursos o excesos de cargas en la justicia ordinaria). Además de los fracasos que ello implica y bien dices en tus notas, para el día a día se convertirá en una fuente de “agravios”: Si el juez analizó la problemática constitucional/convencional, que no fue planteada por las partes, ello constituirá un agravio que se hará valer en instancias superiores y, al final, ante la justicia federal; si no aplicó los criterios jurisprudenciales, o los criterios vinculantes, o se apartó de los criterios orientadores, otro agravio; si se le planteó en el juicio y consideró que no había materia para la desaplicación de la norma, un agravio más; si no se planteó, ni resolvió nada al respecto, pero se estima que pudo haberlo hecho, por el carácter superior de la norma constitucional que lo ordena, otro agravio; y asi, sumando y sumando, podríamos contribuir de manera muy significativa al caos.

No se puede lograr un cambio en la cultura de la legalidad y aspirar a resolver cuestiones sustantivas, si no se aprecia, como lo dices, que debe darse a la ley una mayor importancia, y revisar con profundidad los cauces de la justicia ordinaria, para que sea allí donde los conflictos se resuelvan y que la justicia constitucional resulte verdaderamente excepcional, en el más amplio sentido del término, tanto porque solamente se piense en ella cuando se han agotado los caminos y haya materia, como porque lo que se resuelva sea de trascendencia.

Hace falta una buena dosis de antipiréticos (¿Los habrá para la fiebre constitucional?) para recuperar el buen sentido y exigir a cada quien lo que puede dar. Ni fomentar la ilusión de que el juicio de amparo es una panacea (pronto tendremos, según parece, consagrado en la Ley el amparo contra particulares, que será otro gran tema), ni hacer creer que la sola reforma constitucional hará que se respeten verdaderamente los derechos humanos, ni pensar que la obligación de todas las autoridades plasmada en el texto constitucional hará que efectivamente se cumplirá. Impulsar, sí, una cultura del respeto y hacer efectivos los medios de exigir ese respeto, pero para eso, pienso, se debe ir desde abajo y, en este caso, abajo es el respeto generalizado a la ley y una eficiente justicia ordinaria.

Un abrazo

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