Justicia ordinaria y control difuso

agosto 29, 2011 § Deja un comentario

Cuauhtémoc Reséndiz

Estimado José:
Me apunto en la lista de quienes tienen dudas sobre el tema que has planteado y expreso algunas de las mías, que formulo como afirmaciones, pero que no dejan de ser dudas. Para fijar el alcance del nuevo artículo 1o. constitucional deben tomarse en cuenta alguna cuestiones como las siguientes:
1.- Que un juez ordinario “desaplique” una ley a partir de su análisis de constitucionalidad-convencionalidad tiene varios significados, siendo destacables para nuestro orden jurídico los siguientes: a) Su resolución no tiene efectos generales (el punto está acotado en la reforma constitucional a la declaratoria de la SCJN, en las condiciones que el propio texto regula); b) Su decisión es revisable a través de los medios de impugnación ordinarios y del juicio extraordinario de amparo.
En este sentido, algunos de los temores que se han manifestado empiezan a diluirse y se aprecia que el cambio no es tan profundo.
2.- La decisión del juez tiene como ámbito su propia esfera de competencia y está limitada, además, por el acatamiento de la Jurisprudencia obligatoria (hay nuevas modalidades para la jurisprudencia). Es aquí donde se puede encontrar el principio de unificación de las decisiones, para evitar la dispersión e inseguridad consecuente.
3.- Cuando frente a una norma general que estima contraria a la constitución o a un tratado internacional, decide no aplicarla, en realidad hace un examen de la norma preferible, que no es otro que el examen necesario para decidir cuál es la norma que sustenta el caso. El cambio podría estar en que, en vez de refugiarse en el principio de exacta aplicación de la ley, deba hacer ese examen de constitucionalidad-convencionalidad. Algunos jueces lo harán, pero quizá no la mayoría. Lo hagan o no lo hagan, sus decisiones podrán ser revisadas.
4.- Los tribunales de control constitucional seguirán con su papel y serán ellos los que decidan en última instancia (interna) sobre el sentido de las normas y su posible expulsión del sistema. Conforme a las bases de organización actual del Poder Judicial Federal y en términos de la distribución de competencias, los Tribunales Colegiados de Circuito tendrán un papel cada vez más relevante, pues serán ellos los que atenderán el mayor número de casos a propósito de estos conflictos.
5.- Otras autoridades distintas a las jurisdiccionales carecerían de competencia para dejar de aplicar una ley. No obstante, si esa ley fuera tan abiertamente contraria a los derechos reconocidos por el texto constitucional o los tratados correspondientes, podrían resistir su aplicación, pero inmediatamente se plantearía un conflicto jurisdiccional, para que fuera el juez competente el que decidiera lo pertinente.
6.- Una autoridad administrativa tampoco podría (por carecer de competencia) desacatar una sentencia o revisarla ante sí, aunque considerara que la misma es contraria a los derechos humanos. Aunque limitados, los medios existentes llevarían a problemas de revisión de la misma o al planteamiento de responsabilidades.
7.- Una especie de corolario sería que, no obstante la reforma constitucional y lo anunciado por la SCJN en el caso Radilla, no estamos ante un verdadero cambio de sistema. La mayor apertura que se anuncia no alcanza para estimar que pasamos a un sistema de control difuso. En la medida en que toda sentencia definitiva de los tribunales ordinarios pueda ser susceptible de ser impugnada (juicio de amparo y recurso de revisión), sigue dejando en los tribunales federales la decisión sobre el control constitucional y de convencionalidad. Incluso, el hecho de que las sentencias de los Tribunales Colegiados de Circuito solamente sean revisables de modo excepcional por la SCJN o que ésta conserve la facultad de atracción confirma mi apreciación del papel relevante de los Tribunales Colegiados, pero también que el sistema no ha cambiado.
8.- La impugnación directa de las leyes sigue también en el ámbito del Poder Judicial Federal, de modo que no hay cambio alguno.
Admito que los temas de discusión son sugerentes, pero creo que las expectativas a que dan lugar son más amplias que la realidad.
Un abrazo,

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