Bienvenido Señor Ministro, lo estábamos esperando (I)

febrero 20, 2011 § 1 comentario

Estimado Señor Ministro Pardo Rebolledo, esperando no distraerlo de sus ocupaciones, le comparto mis reflexiones, así como las de amigos que por aquí nos hemos encontrado, sobre un juicio de amparo en el que su voto será decisivo.

Disculpe las licencias.

El ciudadano es The nigger de la democracia

Think about it… do something about it.

John Lennon “The woman is the nigger of the world

Soy un ciudadano, no una empresa, ni una cámara de comercio, ni una empresa de televisión o de radio.

Creo que el ciudadano es el soberano de la democracia o debería serlo. Los partidos políticos son instrumentos para hacer valer su derecho de organización más no sus sustitutos.

La reforma al artículo 41 constitucional prohibió a los ciudadanos la contratación de spots que tuviesen por objeto influir en el electorado. Sin embargo, el acceso a radio y televisión sólo se permite a los partidos políticos. Dos sujetos jurídicos (los ciudadanos y los partidos) son tratados desigualmente. Se disminuye la capacidad del ciudadano.

Así pues, mientras el artículo 6º. no incluye tal limitación, sí lo hace el 41 por razones de equidad, se argumenta. No soslayo la cuestión de la equidad, me parece muy relevante, pero no en la restricción del derecho sino en su maximización. No en la creación de una inequidad inversa.

Consecuentemente, estamos planteando como centro de la litis la limitación de un derecho fundamental.

En la Constitución, específicamente en la Constitución del Estado constitucional, permítame la insistencia, en la Constitución del constitucionalismo, los derechos fundamentales son condición de la democracia, esto es, parte de las reglas básicas del juego.

Por ejemplo, para Bobbio, dos de las reglas son: todos los ciudadanos sin distinción, incluyendo la económica, deben tener el derecho de expresar su opinión o de elegir quien la exprese por él; así como, que ninguna decisión tomada por la mayoría  debe limitar los derechos de la minoría.

En el fundamento de la democracia, desde los griegos, junto a la isonomía, la isotimia y la isogonía,  se consideraba a la isegoría, esto es el derecho de hablar ante la asamblea de los ciudadanos  -dice Bovero-, en voz alta.

 Sería distinto el efecto de hablar en voz baja que en voz alta. Hay una condición de eficacia. La intensidad de la voz es relevante para ser escuchada por el auditorio aun en su punto más lejano.

Hemos pasado  de la fuerza de los pulmones, al megáfono, a la radio y la televisión. Estos medios son la voz alta en la sociedad moderna.

La palabra es poderosa, la imagen es poderosa.

Se dice que no se afecta el derecho de libertad de expresión ya que es posible que un ciudadano pueda expresarse sin problema, por ejemplo, puede ir a la Alameda un domingo por la mañana y expresar sus opiniones desde el Hemiciclo a Juárez, o escribir en los periódicos, o ser entrevistado en el medio tiempo del superbowl y decir lo que quiera (siempre y cuando no haya contrato, claro).

Lo anterior, plantea un problema central propio para la definición por un tribunal constitucional ¿qué es el derecho?, y, por tanto, ¿cómo debe ser protegido en la democracia constitucional?

¿El derecho es solamente formal o también se integra por las condiciones de su ejercicio, es decir, las condiciones para un derecho eficaz?

En un célebre precedente, Brown vs Board of Education, sus colegas de la Corte americana se enfrentaron a la demanda de diversos padres de familia en la cual reclamaban la segregación racial y la desigualdad respecto  a las escuelas de los blancos.

Los hijos de los negros se encontraban inscritos en la escuela y podría decirse que tenían ya su derecho a la educación. Sin embargo, eso no bastaba, lo relevante eran las condiciones de su ejercicio.

La Corte gringa resolvió que el establecimiento de escuelas separadas niega la igualdad de oportunidades educativas.

Resulta que el acceso a radio y televisión, por decisión de ellos mismos, es para los tricolores, los azules, los amarillos con negro, los verdes, etc.

Los ciudadanos… somos los negros de la democracia.

Nuestra demanda de amparo, es para tener el mismo derecho, para hablar en voz alta y para escuchar otras voces si somos auditorio, aunque sea pagando.

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