De jarritos y confesiones tributarias

octubre 15, 2010 § Deja un comentario

Vidal Mendoza [i]

Como siempre, es un gozo participar en toda discusión a las que nos convoca nuestro querido Dr. Roldan Xopa. En verdad espero que esta  terminal digital reciba hartos intercambios  de ideas y debates.

Como llego tarde a la pachanga (cómoda costumbre, he de reconocer),  me limitaré a  navegar sobre lo los puntos ya expresados por el patrono del blog, así como las inteligentes e ilustrativas aportaciones de Alil Álavarez y Gabriela Ríos. Desafortunadamente, no cuento con  la claridad con la que se encuentran enmarcadas las participaciones anteriores, por lo que más que llegar a un puerto seguro, trataré de enriquecer este intercambio a través de abrir otras interrogantes, a guisa de arenas movedizas.

En primer lugar, habría que precisar un poco más sobre los “efectos restitutorios” de la sentencia de amparo cuando se resuelve la inconstitucionalidad de una contribución. Si bien en algunos casos resulta claro (tanto para el juzgador, como para el quejoso) que la sentencia provocará que el contribuyente tribute conforme al régimen “consentido” – como pudiera ser el caso de una variación en la tasa. Sin embargo, existen situaciones en las que determinar la restitución de las violaciones constitucionales en materia tributaria no resulta tan previsible. Tal situación puede apreciarse, desafortunadamente, en la manera poco sistemática en que la SCJN ha resuelto tales escenarios. El uso de expresiones tales como “desincorporar de la esfera jurídica”, “tributar conforme al régimen establecido para otros contribuyentes” y demás maravillas jurisprudenciales hacen difícil la generación de reglas generales. Por poner un escenario hipotético, qué pasaría si la reforma legislativa no fuese sólo una variación a la tasa, sino al sistema de causación general de dicho impuesto, lo cual vulnere la proporcionalidad a la que obliga la constitución, ¿cuál sería el efecto restitutorio de la sentencia? ¿El juzgador dispondría regresar al régimen “consentido”, no obstante que dicho régimen fue variado en su sentido fundamental? En estos casos creo que la respuesta no sería la misma y estaríamos frente a una resolución que eximiera al contribuyente de la carga controvertida.  

Por otro lado, al hablar de consentimiento, estamos ante un sujeto que tributó bajo el régimen previo, pues de lo contrario no cabría si quiera el uso del vocablo. Es aquí, como dicen en mi pueblo, “donde la puerca torció el rabo y le cayó mi…..

Si, como bien dice Alil Álvarez, se ha tomado por discurso cómodo que la Corte no legisla;  por otro lado, al obligar al “nuevo” contribuyente a tributar bajo el régimen previo, ¿no estaría la Corte legislando al extender la vigencia de una norma que en ningún momento formó parte del escenario del contribuyente quejoso? ¿Habría, pues, consentimiento de algo? Digo, si al parecer el consentimiento juega las veces de “grano de mostaza” en estos argumentos para dar sentido al artículo 80 de la Ley de Amparo que regula los efectos de la sentencia de garantías.

Ahora, y pasando a la idea de proporcionalidad como quantum a la que alude Pepe, coincido en que esta se refiere a la  conformidad entre objetos o componentes de algo, así como sus relaciones entre ellas. ¡Qué idea tan preciosista! No obstante regreso a mi argumento medular: frente a  cualquier impuesto es posible encontrar su punto de equilibrio proporcional (al que pueden llegar académicos, litigantes e incluso jueces, para darles algún merecido lugar en nuestro juego); sin embargo, cuando el juzgador analiza un tributo enteramente nuevo, ¿podría fijar este punto en el que se pierde la proporción sin que se entienda como un acto legislativo? ¿El efecto restitutorio se fijaría frente a qué escenario? 

Cada que pienso en tales derroteros posibles, lamentó que la SCJN no haya dado un paso importante respecto a la fijación de estos criterios cuando ha tenido la posibilidad… ¿les suena el IETU por estos lares?  Como lo apunta Gabriela Ríos, hay que lamentarse que la SCJN no se haya tomado en serio la protección constitucional de los impuestos en atención de los fines “extrafiscales” que dicho sea de paso,  constituyen un jarrón donde se introducen de manera caprichosa cualquier cantidad de sinsentidos dignos del escapismo estatal mexicano.  La sabiduría popular nos indica que todo cabe en un jarrito sabiéndolo acomodar. ¿Será que a la sabionda y dicharachera abuelita nunca se le quebró su artesanal pertenencia de tanto abusar?

Más que pensar que no se toman en serio los principios constitucionales ¿No será que su seriedad asusta?  Ahora si que la Corte nos agarre confiscados…. perdón, confesados.

[i] Abogado litigante y profesor del Departamento de Derecho del ITAM
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